Mucho se ha escrito sobre la genial e imprescindible obra de Alan Moore. Pero realmente, fue Dick Giordano quien sugirió a Alan Moore, que usara a unos personajes que DC acababa de adquirir los derechos, procedentes de la desaparecida editorial Charlton, para desarrollar una historia sobre superhéroes poco común. Aunque luego se decidió utilizar a esos personajes, sirvieron de base para la creación de los protagonistas de la historia. Todos personajes sin poderes, quizás para servir de contrapeso al casi todopoderoso Doctor Manhattan.
Originalmente concebida como novela gráfica, y luego como mini-serie de 6 números, acabó convirtiéndose en una maxi-serie de 12 números, lo que en ocasiones se nota al ralentizar la acción y alargar la historia, pero también se desarrollan mejor tanto los personajes como la ambientación de la época ficticia en la que se desarrolla la historia.
La historia (para los pocos que no la conozcan) se desarrolla en una realidad alternativa, en plena guerra del Vietnam en un mundo al borde de la tercera guerra mundial. Los Estados Unidos tienen, desde la gran depresión, vigilantes enmascarados que luchan contra los criminales, aunque ninguno de ellos posee un verdadero poder. En la guerra fría, y la caza de brujas del senado, se prohibió toda actividad de los justicieros. Todo eso cambiará con la llegada del Doctor Manhattan, que en un accidente nuclear conseguirá un enorme poder que alterará el equilibrio de poder de las dos grandes potencias mundiales, poniendo al mundo al borde de la guerra nuclear. Y ahora, alguien está asesinando a los antiguos héroes ya retirados.
Bajo estas premisas, Moore desarrolló temas candentes, criticando las políticas de los gobiernos, el poder de los medios de comunicación, el militarismo, la autoridad institucional y muchos otros temas. Pero básicamente ayudó a cambiar el medio del cómic como tal, desarrollando historias y personajes que se comportaban como adultos, con sus miserias y virtudes, amarguras y fobias.
Por otro lado, el desarrollo gráfico de Dave Gibbons le transmitió un gran realismo a la obra, con un estilo moderno pero que recordaba a la Edad de Plata de los cómics, con unos trazos limpios y nada confusos, con unos personajes que mostraban una gran expresividad, algo muy importante en una obra que tiene grandes escenas de diálogo. Además, en ningún momento se incluyen ni bocadillos de pensamiento ni onomatopeyas, para dar mayor sensación de realismo.
En definitiva, una obra que supuso un antes y un después en el mundo del cómic, que todo amante del género debe leer (o releer, yo ya lo he hecho varias veces). Varias son las ediciones que se han hecho, y supongo que varias serán las que se harán en un futuro. Personalmente mi favorita es la edición de Norma, en formato cómic-book y no excesivamente grande, que recopila los doce números en un unico y manejable tomo.


